martes, 28 de octubre de 2014

Reflexiones sobre El Elefante Encadenado- Jorge Bucay

Si hay algún aspecto que esté intrínsecamente relacionado con los cursos, formaciones que he ido realizando y el día a día desarrollando esa valiosa información, es el de la apertura a otros campos y la necesidad de una evolución y equilibrio espiritual. Por ello, daré cabida también a ciertos de esos aspectos también en el blog: los concibo unidos de la mano, así como se encuentran en mi vida. 

Hace un tiempo leí "El elefante encadenado" de Jorge Bucay y rescato algunas reflexiones que hice en su momento: 

¿Somos como el elefante encadenado del cuento de Jorge Bucay? ¿Tenemos unas cadenas pequeñas, minúsculas de tamaño, pero que suponen un peso tan grande que no nos podemos librar de ellas? El elefante encadenado, un cuento recogido y difundido por Jorge Bucay que narra una historia con mucha enseñanza, tanto para padres como para niños.

Supongo que muchos lo conocéis, si no aquí podéis leerlo entero y aquí la versión en

vídeo:

Tras leerlo y verlo, supongo que compartís conmigo la idea principal: "Un día el elefante comprendió que no se podía liberar y se rindió a su destino. ¡Qué triste! ¿no? El fracaso estaba grabado en la memoria y nunca más puso a prueba su fuerza.

Si lo extrapolamos al mundo adulto: un día comprendimos que no podíamos o debíamos intentarlo más, y nos rendimos. El fracaso se grabó en nuestra mente y nunca más pusimos a prueba esas habilidades, nunca más probamos, nunca nos permitimos hacer algo por el simple placer sin buscar resultados, nunca intentamos realizar alguna cosa sin buscar o contar con la aprobación de alguien.

Y en nuestra vida: ¿cuántas cosas no hemos vuelto a intentar porque alguien nos dijo que no éramos capaces?, ¿cuántas veces dejamos de hacer algo porque la mirada de nuestros padres no era de aprobación?, ¿qué áreas de nuestra vida hemos relegado porque no parecía oportuno a alguna persona?, ¿qué experiencias no nos atrevemos a vivir de adultos porque nos las negaron de pequeños y las consideramos negativas?, ¿qué vivencias nos negamos porque de niños nos dijeron que eso era “de micorros”?, ¿cuántos sentimientos nos guardamos y no los vivimos porque cuando los sentíamos de bebés los ignoraron?

Es increíble cómo la moraleja nos dice directamente a los padres: tengamos cuidado con lo que les transmitimos porque si les repetimos constantemente que no son buenos para algo, si les decimos a menudo que no tienen aptitudes para tal o cual cosa, si les desmoralizamos cuando perseveran en conseguir su objetivo, si les repetimos mil y una veces que no van a poder… ¡No podrán realmente porque habremos clavado en estacas muchas de sus habilidades!.

Les pasará como al elefante: que dentro de unos años cuando tengan posibilidades, cuando tengan fuerzas, cuando hayan desarrollado sus aptitudes, cuando puedan recibir clases y e ir perfeccionando sus habilidades en cualquier ámbito… no podrán ni querrán hacerlo porque tendrán bien grabado que no son capaces, y ni siquiera lo intentarán.

Dejémoslos que prueben, que experimenten, que logren, que desistan,… Pero no seamos nosotros los que con nuestras palabras, con nuestros gestos o nuestros actos, les hagamos sentirse encadenados por siempre con pequeñas cadenas que pesan como lastres imposibles de liberar ni aún en el futuro. Intentemos no poner esa estaca ni esas cadenas en el cuerpo puro y bello de los niños. Que lo que esté en nuestras manos, sirva de aliento y reflejo de la realidad, sin menospreciar, menoscabar ni despreciar cualquiera de las iniciativas que parten de la voluntad infantil.

Y por supuesto ¡intentemos liberarnos de nuestras cadenas!

No hay comentarios:

Publicar un comentario